Cómo elegir un desarrollador web en Perú: 12 preguntas para auditarlo antes de firmar
Checklist técnico de 12 preguntas concretas que separan al desarrollador serio del improvisado. Aplícalas en la primera reunión antes de pagar el primer recibo.
Diego Iparraguirre
El taller · Dilware
Vas a pagar entre S/. 2,000 y S/. 30,000 por algo que no entiendes técnicamente. El desarrollador sabe todo, tú sabes nada, y el contrato se firma a partir de una propuesta que suena bonita.
Este checklist te empareja la cancha. Son 12 preguntas concretas — la mayoría de respuesta corta — que un desarrollador serio responde sin dudar, y uno improvisado esquiva o se enreda.
No necesitas entender las respuestas técnicas. Necesitas escuchar cómo las responde. Aplícalas en la primera reunión, antes de firmar nada ni pagar un anticipo.
Antes de la reunión
Pídele 3 cosas por correo:
- URL de 2 o 3 trabajos publicados que tenga vivos hoy (no screenshots, no PDFs — links que puedas abrir)
- Forma jurídica con la que va a facturarte (RUC, recibo por honorarios, factura de empresa)
- Quién es el dueño del código y del dominio una vez que termine el proyecto
Si te responde con vaguedades en alguna de las 3, ya sabes algo.
Las 12 preguntas para la primera reunión
1. ¿En qué tecnología vas a construir mi sitio y por qué esa?
Buena respuesta: una opción clara con justificación corta. “Astro porque es estático y rápido”, “WordPress porque necesitas editar contenido sin ayuda”, “Webflow porque tu equipo de marketing puede actualizarlo”.
Mala respuesta: “depende”, “lo que prefieras”, o una lista de 5 frameworks sin razón.
2. ¿El sitio va a ser tuyo cuando termines?
Buena respuesta: sí, el código y el dominio están a tu nombre. Te da acceso completo desde día uno.
Mala respuesta: “el dominio lo gestiono yo”, “el código se queda en mi servidor”, “te paso el sitio terminado”. Eso es alquiler disfrazado.
3. ¿Dónde se va a hospedar y cuánto cuesta?
Buena respuesta: un proveedor nombrado (Cloudflare, Vercel, Hostinger, etc.) con un costo mensual claro, y a nombre tuyo.
Mala respuesta: “yo lo manejo, no te preocupes”. Eso significa que el día que se enojen, tu sitio desaparece.
4. ¿Quién es el dueño de las imágenes, textos y datos?
Buena respuesta: tú. Las imágenes con licencia clara, los textos te los pasaron a ti, los datos viven en una base que controlas.
Mala respuesta: “todo está en mi cuenta de tal cosa”. Si no puedes exportar, no es tuyo.
5. ¿El sitio va a tener panel de edición?
Buena respuesta clara: “sí, vas a poder editar X cosas” o “no, los cambios los hago yo a costo Z por cambio”. Cualquiera de las dos es válida, el problema es no saberlo.
Mala respuesta: “ya veremos sobre la marcha”. No.
6. ¿Cómo medimos si el sitio funciona después de lanzarlo?
Buena respuesta: Google Analytics, Search Console, alguna métrica de visitas o conversión. Mínimo: cuántas personas escriben por el formulario al mes.
Mala respuesta: “se va a ver bien”, “te va a llegar gente”. Eso no es medible.
7. ¿Qué pasa si encontramos un bug 3 meses después?
Buena respuesta: período de garantía claro (30, 60 o 90 días). Después, costo por hora o paquete de mantenimiento.
Mala respuesta: “tranquilo, cualquier cosa avísame”. Eso se traduce en “yo decido si lo arreglo o no”.
8. ¿Cuántos cambios entran en el precio que me cobras?
Buena respuesta: un número específico (“hasta 3 rondas de cambios”), o un proceso (“cambios menores ilimitados durante construcción, cambios mayores con presupuesto aparte”).
Mala respuesta: “los cambios que necesites”. Suena generoso, pero significa que cuando pidas el cuarto cambio te va a cobrar igual o se va a frustrar.
9. ¿En cuánto tiempo me lo entregas y qué pasa si te demoras?
Buena respuesta: una fecha estimada con un margen razonable, y qué pasa si no llega (penalidad, descuento, comunicación clara de razones).
Mala respuesta: “como en un mes”, sin penalidad, sin commit.
10. ¿Tienes algún cliente que pueda llamarte para preguntarte por mí?
Buena respuesta: sí, te paso 1 o 2 referencias con permiso explícito. Datos reales.
Mala respuesta: evasión, o “todos están bajo NDA”. Si nadie puede hablar de tu trabajo, no hay trabajo del que hablar.
11. ¿Cómo me vas a facturar?
Buena respuesta: factura o recibo por honorarios electrónico (SUNAT) con tu RUC. Pagos por hitos claros (anticipo, mitad, entrega final).
Mala respuesta: “te paso un Yape”, “te pago en efectivo y listo”. No facturable = no deducible para ti, y sin contrato legal de respaldo.
12. Si yo decido terminar el proyecto a mitad de camino, ¿qué pasa?
Buena respuesta: una política clara de salida — qué entregables recibes por lo pagado, qué porcentaje se reembolsa, en cuánto tiempo.
Mala respuesta: “no creo que llegue a eso”. Tal vez no llegue, pero necesitas saberlo antes.
Las señales en cómo responde, no solo qué responde
Buenas señales:
- Habla de tu negocio, no del suyo
- Hace preguntas — quién es tu cliente, qué quiere lograr, cuánto vendes
- Te dice qué NO va a hacer y por qué (un buen desarrollador descarta cosas)
- Pone precios sobre la mesa rápido, sin escondrijos
Malas señales:
- Te impresiona con tecnicismos que no necesitas
- Promete todo lo que pides (“sí, claro, eso también lo hago”)
- Evita comprometerse con números (precio, fecha, garantía)
- Habla mucho de “potencial”, “futuro”, “escalable”, sin aterrizarlo
El test final
Después de la reunión, hazte una pregunta: ¿saliste con una propuesta concreta, o con una sensación bonita?
Una propuesta concreta tiene: precio, fecha, alcance, qué incluye, qué no incluye, quién es dueño de qué, cómo se factura, qué pasa si algo sale mal.
Una sensación bonita tiene: “me cayó bien”, “se ve profesional”, “sabe mucho”.
Las dos pueden coexistir. Pero si solo tienes la segunda, no firmes nada todavía.
Lecturas relacionadas
- ¿Cuánto cuesta una página web en Perú 2026? — precios reales por opción
- Freelance vs agencia para tu página web — cuál te conviene
- Wix vs página web profesional — cuándo el DIY se sostiene
Si llegas hasta aquí
Probablemente estás cerca de contratar a alguien y quieres hacerlo bien. Eso ya te pone por encima de la mayoría que firma sin auditar.
Si quieres una segunda opinión sobre una propuesta concreta que ya tienes en mano, escríbeme — te doy mi lectura honesta del documento, sin compromiso ni venta posterior.
Más en Sitio Web